domingo, 11 de mayo de 2014

¡TODO PASA PARA BIEN!

Evidentemente, no todo lo que pasa en la vida, sucede para bien. Sería de necio afirmar algo así. Si no, pregúntaselo a alguien que ha sufrido la muerte de alguien querido, o a quien ha vivido alguna catástrofe, eso no pasa para bien, en eso estamos todos de acuerdo.

Pero con la afirmación que da título a este artículo, lo que intentamos es dar un enfoque lo más constructivo posible a todo aquello que nos sucede. Por poner un ejemplo: si fallece un ser querido creo que sería imposible sacar algo positivo a ese hecho. Lo que si podemos empezar es, a partir de esa desgracia, a valorar mejor los momentos que vivimos con los seres queridos que están a nuestro lado y darle mucha más importancia que le dábamos antes. Esa es la actitud, de todo pasa para bien.

He empezado como un ejemplo extremo, ya que siempre que digo tal afirmación: todo pasa para bien, es con la primera que me debaten. Pero en el día a día nos encontramos con múltiples situaciones y conflictos, por suerte mucho menos dramática que la anteriormente expuesta, y que la actitud con la que nos enfrentemos a ellos, hará que eso que consideremos un problema quizá luego se nos convierta en la mayor de nuestras oportunidades.



El gran problema de hoy, del que creemos que será una lacra para nuestra vida, puede convertirse en la situación definitiva para conseguir cosas maravillosas. Si aprendemos a superar nuestros escollos y conseguimos utilizar las paredes que aparecen en nuestro camino en escalones para llegar más alto, no tengas ninguna duda de que tu futuro es prometedor.

Para ilustrar esta idea, te dejo un fragmento de un libro de Andre Kostolany, donde nos explica como un fracaso inicial pude ser el mejor de los impulsos.


“¡Quién podría ser un mejor ejemplo que el «rico Grün», de cómo puede llegarse a millonario sin necesidad de estudios!
Siendo pobre respondió a un anuncio en el que se ofrecía un puesto de sacristán en un templo de Viena. En aquellos días un sacristán tenía que saber leer y escribir. Como Grün era analfabeto, no le dieron el empleo. Desconsolado, utilizó el poco dinero que le habían dado como compensación por el viaje, para emigrar a Estados Unidos. En Chicago empezó a hacer buenos negocios. Con sus primeros ahorros creó una empresa que fue creciendo más y más a medida que pasaba el tiempo. Un gran grupo de empresas le compró sus negocios y, a la hora de firmar el contrato, se produjo la gran sorpresa: Grün, analfabeto, no estaba en condiciones de firmar.
—¡Dios mío! —dijo el abogado del comprador—. ¡Hasta dónde hubiera llegado usted de saber leer y escribir!
—¡Sería sacristán de una iglesia de Viena! —fue la respuesta.”

Evidentemente a Grün, la perdida de trabajo de sacristán, fue una de las mejores cosas que le podía pasar, aunque él en ese momento no tuviera la misma opinión.


Disfrutad de lo que queda de domingo, y preparaos para una nueva semana llena de oportunidades.

domingo, 20 de abril de 2014

ESCUCHA HIJO

Los que seguís el blog regularmente, sabéis que en ocasiones me gusta acercaros textos significativos que voy encontrando. Pues este es uno de ellos, y sinceramente no puedo, ni debo aportar nada más. No creo que se pueda decir algo mejor a un hijo.





Si…
Si puedes mantener en su lugar tu cabeza cuando todos a tu alrededor,
han perdido la suya y te culpan de ello.

Si crees en ti mismo cuando todo el mundo duda de ti,
pero también dejas lugar a sus dudas.

Si puedes esperar y no cansarte de la espera;
o si, siendo engañado, no respondes con engaños,
o si, siendo odiado, no te domina el odio
Y aún así no pareces demasiado bueno o demasiado sabio.

Si puedes soñar y no hacer de los sueños tu amo;
Si puedes pensar y no hacer de tus pensamientos tu único objetivo;
Si puedes conocer al triunfo y la derrota,
y tratar de la misma manera a esos dos impostores.
Si puedes soportar oír toda la verdad que has dicho,
tergiversada por malhechores para engañar a los necios.
O ver cómo se rompe todo lo que has creado en tu vida,
y agacharte para reconstruírlo con herramientas maltrechas.

Si puedes amontonar todo lo que has ganado
y arriesgarlo todo a un sólo lanzamiento ;
y perderlo, y empezar de nuevo desde el principio
y no decir ni una palabra sobre tu pérdida.
Si puedes forzar tu corazón y tus nervios y tus tendones,
para seguir adelante mucho después de haberlos perdido,
y resistir cuando no haya nada en ti
salvo la voluntad que te dice: "Resiste!".

Si puedes hablar a las masas y conservar tu virtud.
o caminar junto a reyes, y no distanciarte de los demás.
Si ni amigos ni enemigos pueden herirte.
Si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado.
Si puedes llenar el inexorable minuto,
con sesenta segundos que valieron la pena recorrer...

Todo lo que hay sobre La Tierra será tuyo,

y lo que es más: serás un hombre, hijo mío.

Willian Ernest Henley

domingo, 6 de abril de 2014

UN OPTIMISTA GRAVITANDO

Ayer vi una película con la que me lleve una gran sorpresa, Gravity. Esperaba que fuera un bodrio infumable, pero me sorprendió, es bastante entretenida y se sale un poco de lo común. Quiero dejar claro que tampoco es una obra maestra.

Como te puedes imaginar no te quiero hablar de la película en sí, pero si en algo que pasa en ella. Por si no la has visto te pongo en situación. En la película hay simplemente dos actores, Sandra Bullock y George Clooney.

Resumo brevemente la película. Hay dos astronautas que se pierden en el espacio después de un accidente. Si queréis saber más tendréis que ir a verla.

Bien, a lo que nos toca. En este artículo quiero reflexionar sobre Matt Kowalski (George Clooney), es el comandante de la misión y de su conducta en la película. El comandante Kowalski en todo momento  muestra tranquilidad, seguridad y  optimismo,  y se siente totalmente dueño de su destino, ciertamente, parece complicado ser dueño de tu destino cuando estás en el espacio perdido de tu destino.



Volviendo a la vida real. Una de las prueba más importante que sufren los astronautas para conseguir ir al espacio, son unos exámenes que valoran su coeficiente de optimismo. Y es totalmente lógico, ya que imagínate todo lo que podría decir un pesimista metido en una capsula espacial fuera de la Tierra.

Como se agradece estar rodeado de personas optimistas, ¿verdad?, y que sean capaces de ver el lado bueno de todas las situaciones, o que sean capaces de buscar soluciones a las situaciones complicadas sin regodearse en el problema ni lamentando la mala suerte. Estas personas, sin lugar a duda, son las que hacen crecer a las que le rodean y a la humanidad.

Pero no te dejes engañar por los “pseudoptimistas”, si aquellas personas que dicen ser optimistas pero que solo hace falta que le escuches 3 minutos para que empiecen a salir de su boca quejas y palabras negativas sobre la situación actual, sobre su entorno,… De estos hay muchos, muchísimos, pero optimistas hay pocos y si encuentras a uno, no le dejes escapar.

¿Y cómo puedes saber que es un optimista? Por tres razones muy simples:
-          Su lenguaje es positivo, siempre es positivo.
-          Su conducta es positiva, y siempre pone remedio a los problemas de manera constructiva.
-          Se siente dueño total de su destino, sin medias tintas.

Así, que si encuentras a tu Comandante Kowalski, no le dejes escapar. Si no lo entiendes ahora, te aconsejo que veas la película y lo entenderás.

A continuación te dejo un texto que llego ayer a mis manos, y que por desgracia no se de quien es, pero es muy apropiado para el artículo.

>> En lugar de “Si hubiera…” es mucho mejor decir “Voy a hacer…”
>> En lugar de “Me gustaría que…” vale más “Voy a hacer todo lo posible para…”
>> En lugar de “Habría que…” es preferible “Veamos qué puedo hacer yo para que…”
Las palabras que usamos son mágicas porque contienen horizontes. Esto es, alguien que hable y piense todo el día de forma negativa cada vez encontrará más negatividad a su alrededor y acabará afirmando:
-          ¿Lo ves? Ya te decía yo.
En cambio las personas que utilizan las palabras de amabilidad y de esperanza le resulta más fácil ver el lado soleado de la vida.
Ojalá supiera el autor o autora de este texto.



Que tengáis una semana feliz y optimista.

domingo, 23 de marzo de 2014

¿QUÉ HARÍAS EN TU ÚLTIMO DÍA?

“Lo que más me sorprende del hombre occidental
es que pierde la salud para ganar dinero,
después pierde el dinero para recuperar la salud.
Y por pensar ansiosamente en el fututo no disfruta el presente,
por lo que no vive ni el presente ni el futuro.
Y vive como si no tuviera que morir nunca
y muere como si nunca hubiera vivido”
Dalái Lama

Este artículo lo quería comenzar con un reflexión del Dalái Lama, que sin duda deberíamos interiorizar todos.

Yo solo he vivido en esta época, que es la que me ha tocado vivir, y no puedo compararla con otras, pero yo veo mucha gente infeliz y preocupada por su vida y hacia dónde va esta. Con malestar porque no consiguen todo aquello que se proponen y con ansia de llegar a una situación futura, que por mucho tiempo del que pase siempre equidista de nuestro hoy, nunca se acerca.

Sinceramente, creo que tenemos una escala de valores equivocada, hace tiempo que en la sociedad tienen un papel prioritario el dinero, que sin duda es importante ya que sin no podemos realizar nuestro día a día, pero no se tiene nunca que priorizar antes que la familia, la salud,…

Si os ponéis a pensar seguro que os salen varios ejemplos de personas que trabajan más de 10-12 horas al día, y no tienen tiempo para disfrutar de su familia, pero que argumenta su situación diciendo: “esto es lo que toca, y lo hago para que a mi familia no le falte de nada”. Seguramente estas personas no le ha preguntado a sus hijos, que es lo que prefieren, estar más con Papa (o con Mama) o que les lleve en un coche de determinado modelo o llevar tal estilo de vida. Yo creo que se lo que diría el niño…

No nos engañemos, a todos nos gusta tener determinadas posesiones,  y llevar un estilo de vida en concreto. Esto es legítimo y razonable. La diferencia es que tienes “que perder” para conseguir eso que se desea, y sinceramente, si la contrapartida es la salud y la familia, creo que es un gran error.

“Hay que tener aspiraciones elevadas, expectativas moderadas y necesidades pequeñas”
Heinrich Von Stein

Te propongo un ejercicio. Imagínate, que hoy es tu último día de vida. Te levantas de la cama y ¿qué harías? Habrá muchísimas respuestas posibles, pero supongo que no llamarías a las personas con las que trabajas para que te acompañara en las últimas horas de vida. Seguro que te gustaría estar con tus seres más queridos, y hacer cosas que realmente te apetecen hacer, y evidentemente no pensarías en el futuro, porque por desgracia ya no quedaría futuro.


Deja de imaginar. Estas en la realidad, y reflexiona, cuánto tiempo dedicas semanalmente a hacer esas cosas que harías en ejercicio anterior. Calcúlalo, y mira qué porcentaje ocupa en tu semana. Me temo que la respuesta no te va a satisfacer.


Haz un favor a los que te rodean, y sobre todo háztelo a ti, deja de pensar en situaciones futuras ideales por las que estas luchando en el día de hoy. Deja de luchar por el futuro, y empieza a disfrutar el presente con los que más te quieren, que en realidad es lo más importante que tienes. 

domingo, 9 de marzo de 2014

EL CAPITÁN DE TU ALMA

Hoy os quiero acercar un problema, que quizá, muchos conocéis, ya que salió en una película muy taquillera a la cual dio nombre Invictus.



En la noche que me envuelve,
negra como un pozo insondable,
doy gracias al dios que fuere
por mi alma inconquistable.
En las garras de las circunstancias
no he gemido ni llorado.
Ante las puñaladas del azar
si bien he sangrado, jamás me he postrado.
Más allá de este lugar de ira y llantos
acecha la oscuridad con su horror,
no obstante la amenaza de los años
me halla y me hallará sin temor.
Ya no importa cuán recto haya seguido el camino,
ni cuántos castigos lleve a la espalda,
soy el amo de mi destino,
soy el capitán de mi alma.
William Ernest Henley


Es un poema que utilizaba Mandela, para poder llevar mejor sus años de cautiverio y se termino convirtiendo en la mejor sinopsis de su vida. En estas pocas líneas se representan perfectamente la importancia que tiene no dejarse llevar por las circunstancias ni el entorno y que tu destino simplemente depende de una persona, de ti. A lo mejor no puedes evitar enfrentarte a problemas y a situaciones extremadamente duras, pero en último término tú decides con la actitud con la que te enfrentas a ellas, y eso sin duda alguna marcara tu destino.


jueves, 6 de marzo de 2014

¿CUANTO ERES CAPAZ DE ESPERAR?

A lo largo de la vida te vas a enfrentar a proyectos complejos en los que va a marcar la diferencia tu tenacidad y tu fuerza de voluntad. Y esto no es tan fácil, ya que en nuestra sociedad  esta vendiéndonos constantemente la imagen de que el éxito y la consecución de objetivos se realizan con prontitud. Este mensaje, que recibimos de los medio de comunicación está calando en nuestros cerebros y hace que las personas, cada vez muestren menos fuerza de voluntad y que abandones sus metas al mínimo escollo que se encuentran en el camino.



Es imprescindible tener fuerza de voluntad para disfrutar de la vida y poder luchar por todo aquello que te propongas. Si somos capaces de esperar nuestro momento y trabajar para ello habrá pocas cosas que se os resistan.

Hoy os quiero acercar un experimento que empezó hace 40 años y que dura hasta nuestros días, es uno de los experimentos más completo de la conducta humana. Y trata de lo siguiente…

El Doctor Walter Mischel, psicólogo de la Universidad de Columbia, en la década de los 60 tuvo una genial idea: quería evaluar la voluntad que tenían los niños y la incidencia que tenía está en su desarrollo de su vida en edad adulta.

Para demostrar esto, a Mischel, se le ocurrió proponer una prueba muy sencilla a niños de 4 – 6 años. A estos niños se les llevaba a una habitación vacia. Simplemente había una silla para sentarse, y una mesa. Un adulto al inicio de la prueba estaría con el niño y le daría una chuche, y le decía que era suya y que se la pudiera comer cuando quiera, pero que el iba abandonar la habitación y si no se la comía hasta que volviera, él le daría otra chuche, entonces se podía comer las dos.

El adulto estaba fuera de la habitación durante 20 minutos, en los cuales los niños decidían si le esperaban y así conseguiría otra chuche, o si las ganas de comerse la chuche era más intenso que su fuerza de voluntad, por lo cual se comia la primera chuche antes de que volviera.

Como podéis ver en el video, hubo niños que esperaban y otros que se comían la primera chuche.




Lo interesante del experimento viene ahora, que son los resultados posteriores. A los 10 años se volvieron a reunir a los niños del experimento y se comprobó que los niños que fueron capaces de esperar para conseguir la segunda chuche, ahora era adolescentes que obtenían significativamente mejores notas, tenían mayor confianza en sí mismo y superaban mejor las frustraciones que aquellos niños que fueron incapaces (o no quisieron) esperar para comerse la primera golosina.

Los niños que no fueron capaces de controlarse y reprimir su instinto, diez años después tampoco lo eran, afectando así sus resultados académicos y a su relación con el entorno.
Pero no queda ahí la caso. En edad adulta, los niños que “supieron esperar” estaban más satisfechos con sus vidas, la relación con sus familias las calificaban como más satisfactorias y sus trabajos, por lo general, les gustaba significativamente.


La vida no es fácil, en ningún ámbito. Al final para conseguir algún objetivo, vamos a tener que usar nuestra paciencia y nuestra fuerza de voluntad. La voluntad se puede y se debe trabajar desde niño, porque seguramente esto condicionara quien seamos de mayores.

domingo, 16 de febrero de 2014

DESHAZTE DE LA VACA

Creo que uno de los objetivos que más daño hace a las vidas de las personas es la “seguridad”. Somos capaces de hacer casi cualquier cosa para poder tener seguridad, y no arriesgar nuestro futuro. Hasta condenarnos a un futuro sombrío, pero eso sí incertidumbre.


“Lo que haces fuera del trabajo, determinará qué tan lejos llegarás en el trabajo.”
                                                                                                                                   Zig Ziglar




Esta semana ha llegado a mis manos un minicuento que representa muy gráficamente este pensamiento y que quería compartir con vosotros.

Un maestro samurai paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de realizar visitas, conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que obtenemos de estas experiencias. Llegando al lugar constató la pobreza del sitio: los habitantes, una pareja y tres hijos, vestidos con ropas sucias, rasgadas y sin calzado; la casa, poco más que un cobertizo de madera...

Se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó: “En este lugar donde no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio tampoco, ¿cómo hacen para sobrevivir? El señor respondió: “amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o lo cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo. Así es como vamos sobreviviendo.”

El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, se despidió y se fue. A mitad de camino, se volvió hacia su discípulo y le ordenó: “Busca la vaquita, llévala al precipicio que hay allá enfrente y empújala por el barranco.”

El joven, espantado, miró al maestro y le respondió que la vaquita era el único medio de subsistencia de aquella familia. El maestro permaneció en silencio y el discípulo cabizbajo fue a cumplir la orden.

Empujó la vaquita por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en la memoria de aquel joven durante muchos años.

Un bello día, el joven agobiado por la culpa decidió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar. Quería confesar a la familia lo que había sucedido, pedirles perdón y ayudarlos.

Así lo hizo. A medida que se aproximaba al lugar, veía todo muy bonito, árboles floridos, una bonita casa con un coche en la puerta y algunos niños jugando en el jardín. El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia hubiese tenido que vender el terreno para sobrevivir. Aceleró el paso y fue recibido por un hombre muy simpático.

El joven preguntó por la familia que vivía allí hacia unos cuatro años. El señor le respondió que seguían viviendo allí. Espantado, el joven entró corriendo en la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hacia algunos años con el maestro.

Elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaquita): “¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?” El señor entusiasmado le respondió: “Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió. De ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos. Así alcanzamos el éxito que puedes ver ahora.” 


A mi juicio, es un pena encontrar nuestra vaca antes de tiempo, y eso nos impida desarrollar todo nuestro potencial así poder llegar a nuestro limite.